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¿UNA PERSONA CATÓLICA PUEDE TOMAR DECISIONES EN LIBERTAD?

Sí. En algunas situaciones moralmente difíciles lo mejor es actuar de acuerdo con lo que consideramos sensato, razonable y bueno, aunque no coincida con las normas y con las autoridades de nuestra Iglesia. Esto implica actuar en libertad de conciencia.

¿UNA PERSONA CATÓLICA PUEDE TOMAR DECISIONES EN LIBERTAD?

Sí. En algunas situaciones moralmente difíciles lo mejor es actuar de acuerdo con lo que consideramos sensato, razonable y bueno, aunque no coincida con las normas y con las autoridades de nuestra Iglesia. Esto implica actuar en libertad de conciencia.

LA TRADICIÓN CATÓLICA ESTABLECE QUE LAS DECISIONES TOMADAS EN

LIBERTAD DE CONCIENCIA SON MORALMENTE VÁLIDAS.

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La voz de la conciencia es la voz de Dios, cualquiera que sea su concepción e imagen. No puede haber condena ni pecado cuando las mujeres, adolescentes o personas con capacidad de gestar toman decisiones difíciles como la de interrumpir el embarazo, cuando han seguido los dictados de su conciencia convencidas de haber tomado la mejor decisión.

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ARGUMENTOS DE LA TRADICIÓN CATÓLICA PARA TOMAR

DECISIONES EN LIBERTAD DE CONCIENCIA

Ante un dilema ético: la libertad de conciencia

La decisión de interrumpir un embarazo puede implicar dilemas éticos en los que se ponen en consideración todos los factores a favor y en contra de traer al mundo a un ser humano. Algunos de estos factores son la salud física y emocional, las condiciones de vida de la familia, la situación con la pareja, la situación económica, el plan de vida, entre otros.

En algunas situaciones moralmente difíciles lo mejor es actuar de acuerdo con lo que consideramos sensato, razonable y bueno para nosotras, aunque no coincida con las normas y con las autoridades de nuestra Iglesia[1], lo que implica actuar en libertad de conciencia.

En la tradición católica la libertad de conciencia tiene un gran valor porque es la base de la dignidad humana. Somos personas con autoridad moral, capaces de tomar decisiones de acuerdo con lo que consideramos mejor y asumiendo en cada decisión nuestra libertad y nuestra responsabilidad. [2]

Escuchar a nuestra conciencia no significa ignorar las normas de nuestra Iglesia o ignorar las opiniones de otras personas. Siempre será muy valioso tener en cuenta las normas, escuchar otras ideas, conocer otras experiencias e informarnos ampliamente, pues así tendremos presentes distintos caminos. Esto nos ayudará a formar una mejor opinión, un mejor criterio y así meditar desde el fondo de nuestro corazón lo que es mejor para nuestro proyecto de vida.

Las decisiones tomadas en libertad de conciencia son decisiones moralmente válidas que deben ser respetadas. Este respeto implica el reconocimiento de la autonomía de la conciencia individual, de la autoridad moral que tienen todas las personas para decidir libremente la mejor opción de acuerdo con sus circunstancias, incluidas las decisiones relacionadas con la sexualidad, la reproducción y el aborto.

 

La doctrina católica establece que frente a un dilema moral es más importante seguir los dictados de nuestra conciencia, que actuar de acuerdo con las normas y las autoridades de la Iglesia.

La supremacía de la conciencia fue ratificada por el Concilio Vaticano II (1962-1965), máxima autoridad en la Iglesia católica, que en su Constitución Pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual,[3] afirma que:

La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. Es la conciencia la que de modo admirable da a conocer esa ley cuyo cumplimiento consiste en el amor de Dios y del prójimo. La fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los demás hombres para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad…(Ángelus, n.16)

 

La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa…(Gaudium et Spes, n. 17)

 

El Evangelio enuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, que derivan, en última instancia, del pecado; respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisión…(Gaudium et Spes, n. 41)

 

El papa Juan Pablo II expresó en diversas ocasiones que:

[…] cada uno debe seguir la propia conciencia en cualquier circunstancia y no puede ser obligado a obrar en contra de ella.[4]

Si el hombre advierte en su propia conciencia, una llamada, aunque esté equivocada, pero que le parece incontrovertible debe siempre y en todo caso escucharla [5]

En la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, el papa Francisco afirma que es importante:

[…] dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas [6]

PRINCIPIO DEL MAL MENOR O DEL MEJOR CAMINO:

¿QUÉ DECISIÓN TOMAR?

La maternidad debe ser una elección y no una imposición. La interrupción del embarazo puede implicar un conflicto de valores o deberes para muchas mujeres y personas con capacidad de gestar católicas que, por diversos motivos, se encuentran en el dilema de continuar o no con un embarazo. Ante un conflicto de este tipo, la doctrina católica establece tomar decisiones de acuerdo con el principio del mal menor o del mejor camino.

De manera general podemos decir que este principio se aplica cuando una persona se encuentra en un conflicto de valores o ante un dilema ético de conciencia, [como en el caso de la interrupción de un embarazo] donde cualquiera de las decisiones tomadas puede no ser una decisión fácil.

DONDE HAY DUDA HAY LIBERTAD: LA DOCTRINA DEL PROBABILISMO

En la tradición teológica y en las enseñanzas morales de la Iglesia existen importantes doctrinas, principios y criterios que apoyan la libre elección. Una de estas es la del probabilismo, que se basa en la idea de que una obligación moral sobre la cual hay dudas, no puede imponerse como si fuera cierta.

Desde la doctrina del probabilismo se justifica que una persona actúe aún en contra de la opinión general y de la enseñanza moral de la jerarquía católica, si tiene razones convincentes para hacerlo y existe la posibilidad de que los resultados posteriores sean favorables.

Esta doctrina de la Iglesia católica se desarrolló en el siglo XVII, en el cual surgieron debates morales acerca de la aplicación de las leyes en la conducta cotidiana de las personas. A pesar de las oposiciones de quienes exigían la aplicación estricta de las normas morales sin considerar la situación concreta de cada persona, se impone con firmeza la doctrina del probabilismo que dice: “Donde hay duda, hay libertad” (Ubi Dubium Ibi Libertas).[7]

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DONDE HAY DUDA HAY LIBERTAD: LA DOCTRINA DEL PROBABILISMO

En la tradición teológica y en las enseñanzas morales de la Iglesia existen importantes doctrinas, principios y criterios que apoyan la libre elección. Una de estas es la del probabilismo, que se basa en la idea de que una obligación moral sobre la cual hay dudas, no puede imponerse como si fuera cierta.

Desde la doctrina del probabilismo se justifica que una persona actúe aún en contra de la opinión general y de la enseñanza moral de la jerarquía católica, si tiene razones convincentes para hacerlo y existe la posibilidad de que los resultados posteriores sean favorables.

Esta doctrina de la Iglesia católica se desarrolló en el siglo XVII, en el cual surgieron debates morales acerca de la aplicación de las leyes en la conducta cotidiana de las personas. A pesar de las oposiciones de quienes exigían la aplicación estricta de las normas morales sin considerar la situación concreta de cada persona, se impone con firmeza la doctrina del probabilismo que dice: “Donde hay duda, hay libertad” (Ubi Dubium Ibi Libertas).[7]

"DONDE HAY DUDA HAY LIBERTAD"

(Ubi Dubium Ibi Libertas)

"DONDE HAY DUDA HAY LIBERTAD"

(Ubi Dubium Ibi Libertas)

[1] Merks, Karl-Wilhelm. “Moral autónoma”. En Dietmar Mieth (dir.) La teología moral ¿en fuera de juego? Una respuesta a la enciclica “Veritatis splendor”. Barcelona, Herder, 1995, p. 72.
[2] Merks, Karl-Wilhelm. “Moral autónoma”, p. 76.
[3] Concilio Vaticano II. Constitución Pastoral Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual. 1965. 

[4] Juan Pablo II. XXXII Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 1999. 
[5] Juan Pablo II. Cruzando el umbral de la esperanza. Barcelona, Plaza y Janes Editores, 1994, p. 191.
[6] Papa Francisco, 
Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia, 19 de marzo de 2016, núm. 37.
[7] Maguire, Daniel C. Opciones católicas para el debate sobre el aborto. Catholics for a Free Choice, 1998, p.2.